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Los apellidos topónimos

por Plus Genealogia

Los apellidos que toman su denominación de la de un lugar, sea una región o una comarca, un poblado o un paraje, suelen corresponder a familias que abandonaron su lugar de origen y cambiaron su lugar de residencia.

No parece sensato pensar que el apellido topónimo aparezca en el mismo lugar del que toma nombre. Es decir, no parece lógico tomar como apellido “de Córdoba” en la ciudad de los califas, sino en otro lugar al que se haya mudado la familia procedente de la mencionada ciudad andaluza. Por ello, lo habitual es que nuestros antepasados acabaran tomando como apellido el nombre de la localidad en la que nacieron o vivieron, una vez que trasladaban su residencia.

Una de las primeras averiguaciones que hemos de realizar es la de saber si el apellido de la familia que estudiamos es un topónimo, tarea que no siempre es fácil, pues muchos topónimos han cambiado sensiblemente su grafía a lo largo de la historia, otros muchos lugares han cambiado su denominación, algunos núcleos urbanos han desaparecido, otros nombres se repiten hasta la saciedad, con las dificultades que ello comporta. Habrá de recurrirse a veces a las diferentes ediciones del nomenclátor, a obras eruditas locales, etc.

La aposición de unos términos topográficos a un apellido, muchas veces patronímico tiene una evocación eufónica que suele aparejarse con cierta apariencia de nobleza: así, los Fernández de Córdoba, los Ortiz de Mendívil o los Álvarez de Toledo. Pero no debemos dejarnos engañar por estas impresiones, de las que haremos nuevamente mención al hablar con más detenimiento de la nobiliaria. Quedémonos ahora con la idea bien fija de que los apellidos compuestos no son, por sí mismos, demostrativos ni tan siquiera indicativos de la condición noble de una familia.

Por la misma razón, la partícula “de” precediendo a un apellido, sea topónimo o no, no tiene nada que ver con la posible nobleza que ostente, o no, la familia poseedora de esa partícula. Es más, en muchas familias, se usa o no la tal partícula “de” según modas, capricho o circunstancias completamente aleatorias. Por ejemplo, diferentes miembros de una familia, incluso de la misma generación, en el mismo lugar y en los mismos años, pueden aparecer, unas veces, como Marichalar o San Pedro y, otras, como “de” Marichalar o “de” San Pedro.