La procedencia de los nombres
por Plus Genealogia
El nombre “de pila” es una forma de identificación y diferenciación. Sirve para distinguir a unas personas de las otras, pero también es una forma de integración en la sociedad.
El nombre “de pila” es una forma de identificación y diferenciación. Sirve para distinguir a unas personas de las otras, pero también es una forma de integración en la sociedad.
La “onomástica” es el estudio de los nombres “de pila” es decir, de las palabras que sirven para identificar individualmente a las personas junto al nombre de la familia o “apellido”.
Se le llama “de pila” porque es el nombre que se impone tradicionalmente en el momento del bautismo o, en casos de familias apartadas de prácticas religiosas, en el momento de la inscripción del recién nacido en el Registro Civil.
Lo más habitual ha sido que se usen nombres tomados del santoral católico, aunque desde hace años las posibilidades para elegir cualquier otro son muy amplias. Solo están prohibidos los nombres ridículos, malsonantes o que atenten contra principios constitucionales.
Para evitar equívocos, está prohibido que dos hermanos de padre y madre (doble vínculo) sean inscritos en el Registro con un mismo nombre. Caso diferente es que los hermanos no compartan padre o madre. Ellos pueden compartir el mismo nombre. ¿El motivo? En la documentación de cada hermano aparecerán apellidos diferentes y como hijos de personas distintas. Un caso conocido es el de los dos hijos del diestro Francisco Rivera “Paquirri”. Ambos se llaman Francisco, como su padre, pero uno es Rivera Ordóñez, hijo de Francisco y Carmen, y el otro es Francisco Rivera Pantoja, hijo de Francisco e Isabel, por lo que la posible confusión se puede evitar.
No siempre fue así. En épocas pasadas se ha constatado la existencia de hermanos con un mismo nombre, a quienes se distinguía denominándoles, por ejemplo, Juan Mayor y Juan Minor. La explicación a este fenómeno hay que buscarla en la alta mortalidad infantil. Las familias tenían un fuerte interés por asegurarse de que siempre viviera un miembro de la familia con ese nombre.
Este fenómeno explica también la aparición del nombre de Leonor. Si un matrimonio tenía una niña a la que llamaba Enor, la siguiente hermana con el mismo nombre era conocida por “la otra Enor. Así fueron surgiendo los nombres de Alianor, Eleanor o Leonor.
También con el objetivo de “tomar el relevo”, ha sido frecuente la repetición a lo largo de las generaciones de un mismo nombre, en recuerdo u homenaje a un antepasado querido. Este fenómeno cristaliza en las familias pudientes del Antiguo Régimen en una figura jurídica muy arraigada, el mayorazgo con gravamen de armas y nombre. El sujeto de la familia que recibía la titularidad de los bienes tenía que llamarse como el personaje que instituyó el mayorazgo.
